Un joven fue imputado por torturar y matar al menos 16 gatos en Recoleta: advierten que seguía pidiendo animales pese a las denuncias
Un santacruceño de 27 años se presentaba como rescatista para conseguir gatos mediante falsas adopciones. Los especialistas detectaron rasgos compatibles con conductas sádicas y advierten sobre una posible escalada de violencia hacia personas.

Escribe: Victoria Basualdo

Un joven fue imputado por torturar y matar al menos 16 gatos en Recoleta: advierten que seguía pidiendo animales pese a las denuncias

Foto por La Nación

19/05/2026

Un grave caso de crueldad animal sacudió al barrio porteño de Recoleta y encendió las alarmas de organizaciones proteccionistas, especialistas en comportamiento criminal y la Justicia. Adriel Santiago Caminos Ortega, un joven de 27 años oriundo de Santa Cruz, fue imputado por torturar y matar al menos 16 gatos que obtenía a través de falsas adopciones, presentándose ante refugios y hogares de tránsito como un amante de los animales comprometido con su cuidado.

 

La modalidad que utilizaba el acusado era sistemática y calculada. Se acercaba a rescatistas y organizaciones proteccionistas con un discurso cargado de empatía hacia los animales, generaba confianza y se llevaba los gatos bajo la apariencia de brindarles un hogar. Poco después comenzaban las explicaciones contradictorias: enfermedades repentinas, accidentes domésticos, muertes inesperadas. Cuando el patrón se repitió demasiadas veces, las organizaciones decidieron actuar. Recopilaron pruebas, presentaron denuncias formales y la Justicia comenzó a investigar. Hoy el expediente sigue creciendo con nuevos testimonios.

 

Uno de los episodios más perturbadores de la causa involucra a un gato llamado Charlie, que vivía en una vivienda donde Caminos Ortega había sido contratado como niñero. Según la denuncia, el animal fue atacado brutalmente frente a un menor de edad que intentó defenderlo y que también habría sido amenazado y agredido. El caso generó una fuerte reacción pública y derivó en movilizaciones de organizaciones animalistas en distintos puntos del país.

 

Lo que más preocupa a los especialistas no es solo la cantidad de víctimas, sino el comportamiento del acusado una vez que su imagen se viralizó y las denuncias se multiplicaron en redes sociales y medios de comunicación. Según advirtió la abogada y perfiladora criminal Constanza Larmarque, el joven habría continuado contactando rescatistas en otras provincias para conseguir más gatos incluso después de la exposición pública. "Para mí es el dato más alarmante conductualmente", señaló la especialista, quien analizó el caso desde el perfilamiento criminal.

 

Para Larmarque, este comportamiento no habla de un acto impulsivo ni de crueldad circunstancial, sino de algo más profundo y estructurado. "No es un simple caso de maltrato animal. Hay un componente de sadismo y perversidad. Se puede ver una conducta parafílica, compulsiva y predatoria", explicó. La especialista describió además que el hecho de no ir a buscar a los animales él mismo, sino pedirlos a través de rescatistas, revela una dinámica de manipulación deliberada. "No solo el fin es matar sino dominar, manipular, observar el sufrimiento y sostener poder sobre la víctima", indicó. Y fue contundente en su diagnóstico: "Estamos ante un asesino serial de animales por la cantidad denunciada".

 

La perfiladora también alertó sobre la posibilidad de una escalada de violencia hacia otras especies o incluso hacia personas, y describió rasgos típicos de este tipo de perfiles: alta compartimentalización psicológica, capacidad de llevar una vida social aparentemente normal y de mostrarse empático en la superficie. Rasgos que, precisamente, le permitieron operar durante tanto tiempo sin levantar sospechas.

 

El caso también pone en evidencia los límites del marco legal vigente. La Ley 14.346 de maltrato animal establece penas de entre 15 días y un año de prisión, sanciones que especialistas, abogados ambientalistas y organizaciones proteccionistas consideran insuficientes frente a hechos de violencia extrema y reiterada. Dado que las penas son bajas, muchos de estos delitos resultan excarcelables. La querella busca que la gravedad y cantidad de episodios denunciados conduzcan a una condena de prisión efectiva, mientras distintos sectores reclaman una reforma legislativa que reconozca a los animales como seres sintientes dentro del sistema legal argentino y habilite herramientas judiciales más severas. La investigación continúa abierta.

 

 

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