La explosión del cohete de Bezos durante una prueba en Florida deja a la NASA más dependiente de SpaceX
El New Glenn de Blue Origin estalló en la plataforma de lanzamiento de Cabo Cañaveral durante un ensayo de motores, generando una bola de fuego que sacudió viviendas cercanas. El incidente complica el cronograma del programa lunar Artemis y consolida el dominio de Elon Musk en el sector espacial.

Escribe: Victoria Basualdo

La explosión del cohete de Bezos durante una prueba en Florida deja a la NASA más dependiente de SpaceX

Foto por Página 12

30/05/2026

El cohete explotó el jueves durante una prueba de encendido de motores en la plataforma de lanzamiento de Cabo Cañaveral, Florida, generando una enorme bola de fuego que tiñó el cielo de naranja y blanco y cuya onda expansiva se sintió en zonas residenciales como Cocoa Beach, a kilómetros del lugar del incidente. No hubo heridos: todo el personal había sido evacuado con anticipación.

 

La empresa confirmó el accidente mediante un breve comunicado en el que describió el evento como "una anomalía durante la prueba de encendido" y prometió publicar actualizaciones. Jeff Bezos, fundador de Blue Origin y presidente ejecutivo de Amazon, apareció horas después en redes sociales con un mensaje escueto: "Es demasiado pronto para conocer la causa, pero ya estamos trabajando para entender qué ocurrió. Día muy duro, pero volveremos a volar".

 

La magnitud de la explosión generó comparaciones con el fallo del misil soviético N1 en 1969, considerada una de las mayores explosiones no militares de la historia. Dado que el cohete estaba cargado de propelente al momento del ensayo, la energía liberada fue excepcionalmente alta. Los restos del siniestro llegaron hasta la costa y las autoridades advirtieron a la población que no los tocara ni se acercara.

 

El incidente no ocurre de manera aislada. En abril, el New Glenn ya había protagonizado un lanzamiento fallido al no alcanzar la órbita prevista para desplegar un satélite comercial de AST SpaceMobile, lo que obligó a declarar la pérdida total de la carga útil y abrió una investigación formal por parte de la Administración Federal de Aviación (FAA). Se trata, entonces, del segundo fallo consecutivo en menos de treinta días.

 

Las consecuencias inmediatas son concretas. El cohete tenía previsto transportar la semana siguiente 48 satélites a órbita terrestre baja para la constelación de internet Amazon Leo, misión que quedó suspendida de manera indefinida. Más allá de eso, Blue Origin deberá investigar la causa raíz del accidente y reconstruir la plataforma de lanzamiento, su única instalación operativa de este tipo. Los expertos estiman que ese proceso podría llevar entre uno y más de doce meses, dependiendo de la extensión de los daños. La compañía está construyendo una segunda plataforma, pero aún está lejos de estar lista.

 

El impacto sobre el programa espacial estadounidense es más profundo. Blue Origin y SpaceX venían desarrollando en paralelo módulos de aterrizaje lunar para el programa Artemis de la NASA, que tiene como objetivo llevar astronautas de regreso a la superficie lunar antes de que concluya el segundo mandato de Donald Trump. La misión Artemis IV, prevista con alunizaje tripulado para 2028, requería que al menos uno de esos módulos estuviera disponible para pruebas en órbita terrestre baja en 2027. Ese cronograma ya era considerado ambicioso antes del accidente. Ahora, con Blue Origin fuera de competencia en el corto plazo, la NASA queda con una única alternativa: la Starship de SpaceX.

 

El problema es que Starship también acumula dificultades. Su vuelo de prueba más reciente, denominado "Vuelo 12", registró fallas en algunos motores durante el trayecto, lo que llevó a la FAA a suspender nuevos vuelos a la espera de una investigación liderada por SpaceX. La agencia espacial estadounidense pasa así de tener dos opciones a no tener ninguna plenamente operativa.

 

El accidente consolida estructuralmente la posición dominante de SpaceX en el sector. La empresa de Elon Musk es, por el momento, el único proveedor con capacidad real de sostener tanto las misiones de la NASA como el mercado de lanzamientos comerciales, justo antes de la salida a bolsa de la compañía, que se espera sea la mayor de la historia. Esa dependencia, que el gobierno estadounidense buscaba reducir apostando a Blue Origin como contrapeso, se profundiza en el peor momento posible para la carrera espacial con China, que avanza con su propio programa lunar.

Te puede interesar