20/11/2025
Una mujer brasileña de 69 años perdió la vida trágicamente tras recibir un violento golpe en la cabeza al caminar por avenida Corrientes al 3200, en el barrio porteño de Almagro.
La víctima fue identificada como María Vilma das Dores Cascalho da Silva Bosco, quien se encontraba en Argentina desde julio porque estaba visitando a su hija, estudiante de medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA), quien residía en la ciudad desde hacía ya un tiempo.
Según informaron fuentes judiciales, el ataque fue llevado a cabo por Federico Nicolás Amadei, un hombre de 30 años caracterizado por su historial delictivo, que incluye 20 antecedentes penales por delitos como robos, lesiones y desórdenes en la vía pública. Además, el agresor cuenta con un historial de reiterados ingresos a centros de salud mental y, es sabido, experimentaba una situación aguda con la misma.
El historial del asesino de María Vilma revela una serie de hechos violentos y delictivos que comenzaron en 2017, cuando fue detenido por ataques y robos en Flores. Años siguientes, fue arrestado repetidamente por delitos similares, incluidos robos, daños y lesiones, además de sufrir crisis de salud mental que requirieron internaciones en hospitales como el Piñero, Borda y Torcuato de Alvear. A pesar de múltiples evaluaciones y tratamientos, continuó protagonizando episodios violentos, fugas y agresiones, acumulando un historial de conductas peligrosas para sí mismo y para terceros, con intervenciones de todo tipo que intentaron contener de alguna manera su descontrol.
El ataque ocurrió sin motivo aparente cuando la mujer transitaba por la avenida Corrientes. María Vilma vivía en Brasil y estaba de visita en Buenos Aires con planes familiares y personales. Fuentes judiciales indicaron que la mujer era una turista que disfrutaba de sus días en la ciudad, sin esperar que un acto de violencia irracional le arrebatara la vida.
El agresor la atacó con un golpe que la hizo caer al suelo, produciéndole un traumatismo grave en la cabeza después de impactar contra el pavimento. La víctima fue trasladada de urgencia a un hospital cercano, donde falleció horas más tarde a causa de las heridas sufridas.
Tras el hecho, la policía detuvo al agresor. La investigación, que inicialmente comenzó como un caso de tentativa de homicidio, se agravó con la confirmación del fallecimiento de la mujer, y ahora el acusado enfrenta cargos por homicidio. Por disposición judicial, el hombre fue internado en un hospital psiquiátrico mientras se llevan adelante las pericias correspondientes.
Este trágico episodio reavivó la preocupación sobre la violencia urbana en la ciudad y la magnitud de la inseguridad que perjudica la vida cotidiana de sus habitantes. Esta agresion tan descarada y espontanea parece indicar quela capital federal se ha vuelto un nido de violencia y austeridad; nada parece alcanzar ni sustentar en materia de proteccion.
La causa está a cargo de la Fiscalía Penal Contravencional y de Faltas N°16, con la jueza Claudia Barcia al frente de la investigación. Se aguardan los resultados de las pericias y los testimonios de testigos para profundizar en las circunstancias del ataque. La fiscalía trabaja también para determinar si hubo algún tipo de desencadenante previo al ataque o si este se trató de un episodio aislado de violencia carente de sentido.
Este crimen también arroja luz sobre la complejidad que interpela al sistema de salud mental en el país y cómo la falta de seguimiento a aquel paciente que lo precisa puede derivar en tragedias así, siendo necesario reforzar aquellos recursos destinados a la atención y rehabilitación de personas con trastornos psiquiátricos, más aún cuando los mismos tienen antecedentes penales.
Si bien la situación no está particularmente clara a causa de la proximidad temporal y la manera repentina en la que se dio, es un hecho que no se trata directamente de un crimen aislado e inexplicable. Es inviable que a más de una década de la sanción de la ley de salud mental la misma enfrente una fragilidad inusual que no se termina de explicar por sí misma y da lugar a cuestionar su eficiencia.
Es mas según informes recientes, el sistema público de salud mental enfrenta un fuerte aumento en internaciones y atención por cuadros psiquiátricos, sin contar con la cobertura y el seguimiento necesario. Es una lástima que en el afán de contemplar y proteger se dé espacio
a situaciones de riesgo para personas con trastornos mentales y antecedentes penales, como el agresor en este caso que, por alguna razón, se encontraba sin tratamiento psicológico cuando, por sus circunstancias personales, debía estarlo.
El debilitamiento del sistema se agrava por la pérdida de cobertura privada, el encarecimiento de medicamentos esenciales y recortes en programas clave para la atención y rehabilitación. Estos factores hacen que el cuidado y control adecuado de personas vulnerables no dé abasto y aquellos en desventaja se vean más afectados.
Estamos a la espera tanto de las resoluciones legales como del estado del agresor que no solo arrebató una vida salvajemente, sino que muestra descaradamente los vacíos en el ejercicio de la ley que no parece despejar ni acompañar el panorama de algunos afectados. ¿Será necesaria una reforma?