08/03/2026
A través de una petición en línea, el colectivo Manos Libres reclama que el Congreso trate una “Ley de Acceso Digital Infantil” que limite de manera estricta el uso de dispositivos y plataformas en menores de edad. El proyecto que impulsan estas familias apunta a dos cambios concretos. Por un lado, propone prohibir la venta de smartphones con acceso a datos móviles a menores de 14 años, permitiendo solamente teléfonos básicos para llamadas y mensajes de texto, además de relojes inteligentes pensados específicamente para chicos. Por otro, plantea elevar de 13 a 16 años la edad mínima para abrir cuentas en redes sociales, acompañada de mecanismos eficaces de verificación de edad para evitar que los adolescentes se salteen esa restricción con un simple click.https://www.manoslibresorg.com.ar/
La cara visible de este movimiento es Elena Griolli, madre de 47 años, que se define como “una mamá común” que empezó a inquietarse al ver cómo el celular se volvía el centro de la vida cotidiana de sus hijos. Manos Libres nació en un grupo de WhatsApp de padres de un colegio, a partir de una pregunta simple: ¿tenemos sentido común si entregamos un smartphone a los 9, 10 o 11 años? De esas conversaciones informales surgió la idea de coordinarse para “retrasar” y manejarse distinto ante el momento del primer celular y, más tarde, de escalar el reclamo al plano institucional a través de una petición pública dirigida al Congreso. En pocas horas, la campaña reunió miles de firmas, reflejando que la preocupación está lejos de ser un caso aislado.
Los argumentos del movimiento se apoyan en una serie de evidencias y debates que ya atraviesan a varias sociedades. las advertencias de especialistas argentinos en infancia y tecnología, como Silvina Pedrouzo y Alejandro Schujman, que señalan que la exposición temprana y sin acompañamiento a pantallas puede afectar el sueño, la concentración y el desarrollo emocional. Para Manos Libres, el diagnóstico es claro: los chicos no están preparados para gestionar el bombardeo de estímulos, comparaciones y contenidos que las plataformas despliegan a cada segundo.
El contexto internacional también alimenta la discusión. En Europa, el gobierno de España anunció su intención de prohibir el acceso a redes sociales a los menores de 16 años y de avanzar en sistemas más estrictos de verificación de edad, en línea con debates similares que se dan en otros países. En la Argentina, mientras tanto, ya existen iniciativas provinciales y locales para limitar el uso de celulares en las escuelas, tanto primarias como secundarias, a partir de la preocupación por la distracción en el aula y por los episodios de violencia o acoso amplificados por la circulación de imágenes y videos. La propuesta de Manos Libres va más allá del ámbito escolar: busca redefinir la puerta de entrada misma al mundo digital.
El dilema es: ¿Hasta dónde puede o debe el Estado intervenir en decisiones familiares tan íntimas como el momento en que un hijo recibe su primer celular? ¿Cómo se compatibiliza una eventual restricción legal con el derecho de niños y adolescentes a participar en la vida social y cultural, hoy drásticamente mediada por plataformas digitales? Esa es la cuestión , también la razón por la cual organizaciones de infancia suelen advertir que el acceso a Internet también es una herramienta clave para el vínculo con pares y la expresión, por lo que cualquier regulación debería equilibrar protección y autonomía en función de la edad.
El debate tampoco puede soslayar las desigualdades. En muchos hogares, el celular del chico funciona como única vía de conexión con la escuela, con tareas y con servicios públicos. Una prohibición rígida podría profundizar brechas si no se acompaña de políticas que garanticen otras formas de acceso seguro y supervisado. Allí aparece otra dimensión: más que demonizar la tecnología, expertos insisten en reforzar la educación digital crítica, el acompañamiento adulto y la construcción de acuerdos familiares que pongan límites claros sin aislar por completo a los chicos del entorno digital en el que crecen.La campaña de Manos Libres, en definitiva, visibiliza una preocupación extendida y obliga a la política a tomar posición frente a un fenómeno que ya no es solo doméstico. Mientras el Congreso decide si toma o no la iniciativa, el debate recién empieza: cómo proteger la salud mental y el desarrollo de la infancia en una era de hiperconectividad sin caer en soluciones simplistas ni trasladar toda la responsabilidad a uno solo de los actores, ya sean las familias, las escuelas, las plataformas o mismo,el Estado. Estaremos a la espera de ver como se toman medidas y se siembran resoluciones.