27/11/2025
El último Boletín Epidemiológico Nacional informó al sistema de salud de Argentina sobre un récord histórico en los casos de sífilis, con 36.917 contagios reportados durante 2024 y 36.702 en las primeras 44 semanas de 2025.
Este incremento representa un crecimiento del 38,5% en comparación con el año 2022.
Y precisamente confirma una tendencia ascendente que sigue en pie a fines del 2025.
El panorama golpea y desconcierta, ya que es sabido que la sífilis, es una de las pocas infecciones de transmisión sexual que no solo es prevenible sino que también, tratable, está volviendo a afectar de forma creciente a la población; especialmente a la juventud.
El grupo etario más afectado son los jóvenes de entre 15 y 39 años, quienes concentran el 76% de los casos notificados. En particular, las mujeres jóvenes de 20 a 29 años presentan tasas superiores a las de los hombres, aunque a partir de los 35 años la incidencia disminuye y en adultos mayores la tasa es mayor en varones.
Lamentablemente se ha demostrado geográficamente que el aumento de casos afecta a todas las regiones del país, con la región Centro concentrando más del 60% de los contagios y la provincia de Córdoba consagrándose como la que tiene la tasa más alta a nivel nacional.
¿Por qué se da este fenómeno?
Varios factores explican el resurgimiento de esta infección. La alta transmisibilidad en sus fases iniciales, la falta de prevención efectiva, el acceso desigual a pruebas diagnósticas y tratamientos, contribuyen a la expansión de la sífilis. Pero lo más alarmante de esta infección es que la misma puede resultar un poco confusa a raíz de que tiene diferentes etapas que pueden superponerse una con otra o inclusive ocurrir casi al mismo tiempo. Precisamente es tan preocupante porque es posible que por momentos no se presente ningún síntoma, pero de todas maneras la infección seguirá estando allí hasta que se trate.
La reinfección también representa un desafío relevante, ya que haber tenido sífilis no genera inmunidad permanente y se puede volver a contraer.
Etapas de la infección
La infección comienza con la aparición de una llaga llamada chancro, que indica el lugar por donde ingresó la bacteria al organismo. Por lo general, el chancro es una lesión firme, redonda y sin dolor, aunque en algunas ocasiones puede estar abierta y húmeda. Usualmente aparece un solo chancro, pero no es raro que se presenten varios.
Estas llagas pueden localizarse en los genitales y alrededores o en casos menos comunes, en la boca o los labios.
El chancro es no solo contagioso, sino que pasa desapercibido, y durante las prácticas sexuales se transmite muy fácilmente. Debido a que no suelen causar dolor ni molestias.
Los chancros generalmente aparecen entre las 3 semanas y 3 meses después del contagio y duran entre 3 y 6 semanas, desapareciendo espontáneamente con o sin tratamiento. Sin embargo, aunque la llaga desaparezca, la infección continúa en el cuerpo si no se recibe tratamiento. Para curar la sífilis y evitar que avance, es fundamental completar el tratamiento médico indicado.
Segunda etapa
Esta fase se caracteriza por la aparición de un sarpullido en las palmas de las manos, las plantas de los pies o en otras partes del cuerpo. A diferencia de otros sarpullidos, el de la sífilis rara vez causa picazón y puede ser difícil de distinguir a simple vista.
Además del sarpullido, pueden presentarse síntomas similares a los de un resfriado leve: fiebre, cansancio, dolor de garganta, inflamación de ganglios, dolor de cabeza y muscular. También pueden aparecer llagas en la boca, vagina o ano, acompañadas de pérdida de peso y caída del cabello.
Los síntomas de esta etapa pueden durar entre 2 y 6 semanas durante cada brote, reapareciendo y desapareciendo durante un período de hasta 2 años. Debido a que estos signos son parecidos a los de otras enfermedades comunes y desaparecen por sí solos,muchas personas no se dan cuenta de que tienen sífilis.
Etapa “tardía”
Entre la segunda etapa y la fase final, puede haber períodos de latencia en los cuales no se presentan síntomas ni signos visibles, aunque la bacteria sigue presente en el organismo.
La sífilis avanzada puede producir tumores, pérdida de la visión, parálisis y afectar gravemente el sistema nervioso, el cerebro y otros órganos, incluso pudiendo llevar a la muerte.
En las etapas tempranas, la sífilis puede curarse fácilmente con antibióticos. Aunque el tratamiento en fases avanzadas evita que la enfermedad cause más daños, los daños ya producidos en esta etapa no son reversibles. Las complicaciones graves pueden aparecer entre 10 y 20 años después del contagio inicial.
Las consecuencias clínicas de no tratar la sífilis a tiempo pueden ser graves, inclusive mortales, y afectan particularmente la salud de las mujeres embarazadas y sus bebés, explicó el profesional Julio Dunogent: “Lo más grave en las transmisiones iniciales son las que tienen que ver con el feto: que la madre, de acuerdo al período en el que se infecte, puede provocar que el bebé no nazca o nazca muerto. Aún con lesiones de por vida”.
Afirmó el experto.
¿Hay cura?
La sífilis se trata eficazmente con antibióticos, siendo la penicilina el medicamento de elección. La dosis y duración del tratamiento dependen de la etapa y gravedad de la infección. Por eso justamente es tan necesario un diagnóstico oportuno para evitar daños a largo plazo y poder prevenir la transmisión.
El Ministerio de Salud de la Nación ha reforzado los protocolos, distribución de insumos y capacitación del personal sanitario para hacer frente a este desafío. También se enfatiza la importancia de la prevención a través del uso correcto del preservativo, chequeos regulares y el incentivo del testeo frecuente.
Hay un hecho inamovible que se ve reflejado en cifras y datos: se ha abandonado la prevención.
En Argentina, apenas el 14% de las personas admite usar protección en todas sus relaciones sexuales.
Esta baja adherencia al uso constante del preservativo se relaciona directamente con el aumento de infecciones de transmisión sexual, incluyendo el VIH, y embarazos no deseados. Hay diversos factores que pueden explicar esta tendencia como la “confianza” en la pareja sexual, el uso de otros métodos anticonceptivos que no protegen contra las infecciones, la falta de acceso o información adecuada, entre otros.
A pesar de los avances en tratamientos, la prevención sigue siendo esencial y el preservativo es la herramienta más eficaz para evitar riesgos de salud graves.
A este brote infeccioso solo se lo puede frenar con un sustento educacional que brinde herramientas reales, accesibles y eficientes para los ciudadanos; precisamente los adolescentes y jóvenes, el rango más afectado. La necesidad de reforzar la educación sexual en Argentina es fundamental para revertir la preocupante caída en el uso del preservativo. Es de público conocimiento que existe el Programa Nacional de Educación Sexual Integral (ESI), establecido por la ley N° 26.150 desde 2006, pero es una realidad que el vacío entre su sanción y su implementación enfrenta desafíos como el desfinanciamiento, falta de difusión efectiva y escasa integración con la comunidad educativa.
La educación sexual debe ir más allá de la enunciación de información, es por esto que la ley integra también el plano afectivo que promueve actitudes responsables frente a la sexualidad.
Guiándonos más por el costado comunicacional, la propuesta debe ser atractiva y tener llegada a la juventud para ser escuchada y acatada, aún estamos a tiempo de revertir esta tendencia: las campañas de prevención deben actualizarse, renovarse en su estrategia,
llegar a los espacios que habitan todos los jóvenes y usar un lenguaje que pueda generar cercanía y transparencia.
Con una respuesta integral que combine responsabilidad individual, acceso a diagnóstico y tratamiento, junto a políticas públicas activas, quizá termine siendo posible frenar la expansión de la sífilis y proteger la salud sexual del país. Todo parece estar, de cierta manera, en la concientización.