20/11/2025
De acuerdo con datos del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la UBA, la salud mental es una preocupación central entre la población general, especialmente para los más jóvenes. Por ejemplo, un relevamiento reciente indicó que un 9,4 % de los adultos está en riesgo de padecer un trastorno mental, con mayores niveles de sintomatología ansiosa y depresiva entre personas de menor edad. Además, otro estudio del mismo observatorio reveló que más del 75 % de las personas encuestadas reporta alteraciones del sueño, un factor que también puede afectar el rendimiento académico. En la UBA, el Espacio de Salud Mental de la Facultad de Filosofía ofrece orientación, escucha y acompañamiento a estudiantes que atraviesan niveles elevados de malestar psicológico.
Diversos relevamientos realizados por áreas de bienestar estudiantil de universidades nacionales, como la UNC, la UNR y la UNLP, muestran que un porcentaje significativo de estudiantes declara presentar, en este período, señales de saturación emocional asociadas al “pico académico”. Esto incluye dificultades para sostener la concentración, fatiga, interrupciones del sueño y necesidad de ampliar la jornada de estudio más allá de los horarios habituales. Estos relevamientos suelen expresarse en informes internos, disponibles en las áreas de bienestar o salud estudiantil de cada institución.
En este contexto, se observa un aumento sostenido del uso de herramientas de inteligencia artificial aplicadas al estudio universitario. Entre las funciones más utilizadas se destacan la generación de resúmenes de textos académicos de gran extensión, la organización automática de consignas complejas, la planificación de cronogramas en función de fechas de exámenes y entregas, la construcción de glosarios, cuadros comparativos y esquemas, la asistencia para dividir bibliografía en secciones manejables y la redacción preliminar de borradores, que luego son revisados y corregidos por el estudiante. Por supuesto, también aparece el plagio y la asistencia de dichas herramientas para hacer los trabajos en su totalidad.
Muchos estudiantes no distinguen entre apoyo automatizado y producción propia, y tienden a confiar en exceso en los resúmenes o explicaciones generadas por IA, que en ocasiones presentan omisiones o simplificaciones relevantes. Algunas universidades comenzaron a elaborar guías internas de buenas prácticas, como la UNMDP y la UNSAM, orientadas a aclarar qué usos son aceptables dentro de cada asignatura y cuáles constituyen una falta académica.
En paralelo, diversos organismos especializados en integridad académica advierten sobre los desafíos que supone la adopción de IA en entornos universitarios. Por ejemplo, el International Center for Academic Integrity (ICAI) ofrece recursos educativos para ayudar a instituciones a repensar sus políticas frente a estas tecnologías, subrayando la necesidad de definir claramente qué constituye un uso responsable de la IA. Estudios recientes muestran que los sistemas diseñados para detectar texto generado por IA no siempre son confiables, ya que una investigación publicada en la International Journal for Educational Integrity analizó varias herramientas de detección y constató límites significativos en su precisión y tendencia a cometer errores. Además, trabajos académicos han propuesto métodos alternativos para identificar cuándo un estudiante está escribiendo con asistencia de IA. Por ejemplo, un estudio basado en “dinámicas de pulsación de tecla” (keystroke dynamics) logró distinguir con alta precisión entre escritura humana y escritura asistida por IA, lo que abre la puerta a nuevas formas de monitoreo ético.
El uso de IA no necesariamente implica una mala práctica, de hecho en numerosas carreras ya se incorporan actividades formales que enseñan a integrar estas herramientas en el proceso de estudio, la resolución de problemas y la planificación de proyectos. El desafío es trazar un límite claro entre apoyo y sustitución, especialmente teniendo en cuenta que en épocas de finales, en las que el tiempo resulta acotado para el estudiante, hace que sea tentador usar alguna herramienta extra para optimizar el estudio.
Después de todo, no es imposible ni inconcebible estudiar sin ellas, ya que generaciones enteras de estudiantes antes del 2022 se recibieron sin conocer lo que era Chat GPT, Gemini, Black Box AI, etc. Sin embargo, los relevamientos recientes muestran que la presencia de estas herramientas modificó de manera estructural los hábitos de estudio, ya que hoy se integran como parte del proceso académico cotidiano, especialmente en períodos de alta exigencia. Esto no debería implicar un reemplazo del esfuerzo individual, sino un cambio en las dinámicas con las que los estudiantes organizan, procesan y presentan la información.