La voz que condenó a Videla por el plan sistemático de robo de bebés en el último golpe cívico militar
A raíz su fallo histórico en el 2012, la magistrada María Carmen Roqueta, dejó un legado imborrable en la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia en Argentina.

Escribe: Amelia Rios Federik

La voz que condenó a Videla por el plan sistemático de robo de bebés en el último golpe cívico militar

fuente: pagina12

31/03/2026

María del Carmen Roqueta, la exjueza federal que presidió el tribunal que condenó a Jorge Rafael Videla por el robo sistemático de bebés durante la última dictadura cívico-militar, falleció en las últimas horas a causa de problemas de salud. Su muerte deja una sensación de pérdida más que profunda entre quienes la recuerdan como una magistrada comprometida con la memoria, la verdad y la justicia, en uno de los capítulos más dolorosos de la historia argentina.

Su nombre quedó unido para siempre a la sentencia del 2012 que marcó un antes y un después en los juicios por delitos de lesa humanidad. Aquel fallo no solo condenó al dictador a 50 años de prisión, sino que reconoció judicialmente la existencia de un plan sistemático de apropiación de niños nacidos en cautiverio o separados de sus familias en el marco del terrorismo de Estado. Más allá de haber llevado a cabo una decisión histórica, es innegable que también se trató de un acto de reparación para cientos de familias que durante décadas buscaron y siguen buscando saber qué había pasado y pasó con sus hijos y nietos.

Roqueta fue la jueza que encabezó este tribunal y que dio lectura a una sentencia cargada de una enorme densidad jurídica y emocional. La justicia argentina avanzó sobre una verdad que las Abuelas de Plaza de Mayo habían sostenido con constancia y, antes que nada contra todo pronóstico: que el robo de bebés no había sido una serie de hechos aislados, sino una práctica sistemática, planificada y sostenida por el aparato represivo de la dictadura.
Fue una decisión que ayudó a consolidar una verdad histórica y jurídica que todavía hoy sigue siendo central en la democracia argentina.

 Sin duda ella quedó asociada a ese momento por la firmeza con la que condujo el juicio y por su perfil comprometido con la temática. En los años posteriores fue reconocida por su trayectoria y por su aporte a los procesos de Memoria, Verdad y Justicia. En el año 2019, la Legislatura porteña incluso la declaró personalidad destacada por su trabajo en causas vinculadas a violaciones a los derechos humanos.
Su figura también fue valorada por su manera de entender el rol judicial. Es sabido que el rol del juez debe ante todo ser claro y eficiente, pero no está de más reconocer su postura ante los crímenes cometidos en los momentos más oscuros en la historia de nuestro país. Roqueta solía hablar del juicio como una obligación institucional y no como una excepción. En una de sus definiciones más recordadas, sostuvo que “justicia es poner paz donde hubo dolor”.
Abuelas de Plaza de Mayo la despidió destacando su compromiso con la restitución de identidades y con la búsqueda de los nietos y nietas apropiados durante la dictadura. En ese reconocimiento aparece, quizás, la clave de su legado: haber formado parte de una justicia que no se limitó a juzgar, sino que también ayudó a reparar, “poner paz donde hubo dolor”.
Los restos de Roqueta serán despedidos en el cementerio de Chacarita. Con su muerte se va una jueza estrechamente vinculada a una de las condenas más emblemáticas de las últimas décadas, pero queda una sentencia que hoy, aún en un negacionismo latente y una discusión que parece reanimarse todos los años por estas fechas, se sostiene en la memoria colectiva. En cada verdad reconstruida, en cada sentencia que avanzó sobre la impunidad, también permanece la huella de su trabajo y su vocación,  en la posibilidad concreta de haber contribuido al intento de “ reparar” una de las heridas más profundas de nuestro país…