05/12/2025
El nivel de pobreza en la Argentina se ubicó en 36,3% durante el tercer trimestre de 2025, de acuerdo con el último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA). La cifra representa una caída significativa respecto del 45,6% registrado en el mismo período del año anterior, una reducción que el informe califica como “estadísticamente importante”, aunque no suficiente para hablar de una recuperación sostenida del bienestar social.
El estudio también señala un descenso en la indigencia, que pasó del 11,2% del tercer trimestre de 2024 al 6,8% actual. Este retroceso en la pobreza extrema está asociado, principalmente, a la desaceleración de la inflación, la recomposición parcial de los ingresos laborales y la continuidad de transferencias sociales que amortiguaron el deterioro del poder adquisitivo.
Con estos resultados, la pobreza vuelve a ubicarse en niveles similares a los de 2018, antes del fuerte deterioro socioeconómico registrado en los últimos años. No obstante, la UCA advierte que la baja debe interpretarse con cautela: si bien la inflación interanual continúa descendiendo y ciertos sectores recuperaron parte de su poder adquisitivo, la mejora no implica una reducción real de las desigualdades de largo plazo.
Según el organismo, el país mantiene desde hace dos décadas un “núcleo duro” de pobreza estructural que ronda entre el 25% y 30% de la población. Este grupo está integrado por hogares con empleos inestables o informales, bajo acceso a servicios básicos y limitaciones persistentes para integrarse plenamente al mercado laboral formal. Esa franja de la sociedad, advierten los especialistas, no suele experimentar mejoras duraderas aun cuando los indicadores monetarios de coyuntura muestren un retroceso de la pobreza.
El informe también destaca una reducción del denominado “estrés económico”, una medición subjetiva que refleja la percepción de los hogares sobre su capacidad de cubrir necesidades básicas. Ese indicador pasó del 50% al 46,8%, lo que sugiere un leve alivio en las condiciones cotidianas de vida, aunque sin revertir del todo la sensación de precariedad en amplios sectores.
Desde el punto de vista metodológico, la UCA subraya que la medición se basa en la capacidad de los ingresos del hogar para acceder a la Canasta Básica Total y a la Canasta Básica Alimentaria. En ese marco, la caída de la pobreza responde a una mejora relativa en la relación entre ingresos y costo de vida, más que a un cambio en las condiciones estructurales de empleo o desarrollo social.
El documento insiste en que el desafío central para los próximos meses será consolidar las mejoras coyunturales y transformarlas en avances sostenibles. Para ello, plantea la necesidad de políticas que fortalezcan el empleo formal, amplíen la protección social, mejoren la calidad educativa y garanticen acceso a vivienda y servicios públicos esenciales.
A pesar de la reducción registrada en el trimestre, la UCA concluye que la Argentina continúa enfrentando un escenario marcado por la fragilidad y la desigualdad. La caída de la pobreza es una señal positiva, pero no suficiente para cambiar la tendencia de largo plazo. En palabras del informe, el país sigue teniendo el desafío de “superar un modelo económico y social que reproduce vulnerabilidad, aun en períodos de recuperación”.