15/05/2026
La escena se repite a diario en Palermo, Recoleta, Villa Crespo y cada vez más en barrios que antes no figuraban en ningún radar gastronómico: alguien entra a una cafetería, pide algo, y antes de llevárselo a la boca saca el teléfono. No para llamar a alguien, sino para sacar una foto. La taza, la mesa, la luz que entra por la ventana, la torta que parece diseñada por un arquitecto. Después, Instagram o TikTok. Después, quizás, tomar el café.
El fenómeno de las cafeterías aesthetic, término inglés que los porteños adoptaron sin traducir para describir espacios diseñados con una estética cuidada y fotogénica, no es casual ni espontáneo. Es el resultado de la convergencia de varias tendencias: el auge del café de especialidad, la explosión del contenido visual en redes sociales y una reconfiguración profunda de cómo la gente usa el espacio público después de la pandemia.
Los números respaldan la magnitud del fenómeno. Entre enero de 2023 y julio de 2024, fueron habilitados 3.161 nuevos locales del rubro "Bar-Confitería" en la Ciudad de Buenos Aires, categoría que agrupa a los establecimientos que ofrecen servicio de cafetería. Es decir, más de 3.000 nuevas aperturas en apenas 18 meses. El mercado del café en Argentina alcanzó un valor de 129,2 millones de dólares en 2025 y se proyecta que crezca a una tasa anual compuesta del 5% hasta llegar a los 200 millones en 2035. Y según datos de PedidosYa, el consumo de café por delivery creció un 42% en el último año, posicionando al país como referente en Latinoamérica para ese segmento.
Pero más allá de los números del mercado, lo que cambió es la lógica del negocio. Algunos cafés ya no son simplemente "cafés de especialidad", sino el must en el que hay que estar. Sus clientes no van solo por la calidad del café: van para ser vistos, para mostrarse. Abunda el contenido generado por los usuarios de cada una de estas marcas: es normal abrir TikTok y cruzarse con algún video que las muestre o ver sus ambientaciones icónicas en historias de Instagram.
El resultado es una industria paralela de recomendaciones: cuentas dedicadas exclusivamente a mapear cafeterías instagrameables, videos de TikTok con millones de reproducciones que muestran latte art en 3D, decoraciones de estilo Bridgerton o cafés con motivos de carpinchos. La búsqueda de "cafetería aesthetic Buenos Aires" en TikTok arroja decenas de videos con hashtags como #instagrameable, #oldmoney o #coquette, con locales que van desde Antonietta Coffee Deco en Retiro hasta Mudrá en Palermo. Un video de una cafetería desconocida puede generar filas de cuadra de la noche a la mañana.
El diseño dejó de ser un detalle decorativo y se convirtió en el producto central. El café en Argentina dejó de ser simplemente una bebida caliente para transformarse en una experiencia cultural y sensorial, donde cada taza refleja la evolución de un consumidor que busca identidad, salud, placer y conexión. Según estudios de mercado, el 46% de los consumidores asocia el café con momentos de placer, el 36% lo consume por estimulación y el 15% lo vincula al bienestar. Las cafeterías aesthetic capitalizan ese primer motor: el placer, que ahora tiene tanto de sensorial como de visual y social.
La pandemia fue el quiebre. La salida del aislamiento reconfiguró arquitectónicamente la idea del café porteño: se pasó de los amplios salones tradicionales a establecimientos que privilegian el espacio al aire libre, con veredas pobladas de mesas, sillas y decks improvisados. Al mismo tiempo, el trabajo remoto transformó a las cafeterías en una suerte de tercera oficina. La flexibilidad laboral y el home office convirtieron a las cafeterías en una extensión del espacio laboral. Buenos Aires fue elegida por Nomad List como una de las diez mejores ciudades del mundo para trabajar de forma remota, y la mejor de América Latina. Hoy es común ver mesas ocupadas por una sola persona con computadora, auriculares y café frío durante horas: el nuevo perfil del cliente no es el que va a encontrarse con alguien, sino el que va a estar.
Eso generó un nuevo tipo de local que responde a demandas a veces contradictorias: ser fotogénico y funcional, silencioso y vibrante, exclusivo y masivo. Una de las características que definieron al mercado es el auge de los locales pequeños y las cafeterías con venta al paso, algo que se potenció tras la pandemia. Sin embargo, hay voces del sector que advierten que el fenómeno se está sobreofertando: "Se puso de moda. No me parece rentable ahora que hay tantos lugares ofreciendo exactamente lo mismo", señaló una barista consultada por especialistas del rubro.
El riesgo, entonces, es la saturación. El cofundador de Usina Cafetera, Emiliano Escudero, asegura que el café de especialidad ya alcanzó su punto máximo de crecimiento: "Hay un montón de opciones de todos los tamaños y en todos los barrios. Probablemente esté llegando a su pico, y ahora es momento de ver cuáles emprendimientos se mantendrán en el tiempo". En cambio, Emmanuel Paglayan, de Ninina, sostiene que el pico está lejos: "El café de especialidad apenas representa un 5% del mercado total de cafeterías".
Lo que nadie discute es que la estética ya no es un accesorio del negocio gastronómico: es parte del producto. En un mercado donde TikTok puede llenar, o vaciar, un local en cuestión de días, diseñar para la pantalla es tan importante como diseñar para el paladar. El café porteño siempre fue una excusa para el encuentro. Ahora también es una excusa para el contenido.