Bolivia en crisis: bloqueos, protestas y presión política complican al gobierno de Rodrigo Paz
El país atraviesa una escalada de tensión social con cortes de rutas, marchas y pedidos de renuncia contra el presidente boliviano. La crisis económica, la escasez de combustible y el desgaste del modelo energético aparecen como factores centrales detrás del conflicto.

Escribe: Santiago Saenz Rozas

Bolivia en crisis: bloqueos, protestas y presión política complican al gobierno de Rodrigo Paz

En ciudades como La Paz y El Alto, las protestas provocaron interrupciones del tránsito

18/05/2026

Bolivia atraviesa una de las crisis políticas y sociales más delicadas de los últimos años. Las protestas, los bloqueos de rutas y las movilizaciones que se multiplicaron en distintos puntos del país pusieron al gobierno de Rodrigo Paz Pereira frente a su mayor desafío desde que asumió la presidencia en noviembre pasado. Sectores sindicales, organizaciones campesinas, mineros, docentes y grupos vinculados al evismo confluyen en una protesta heterogénea que ya incluye pedidos de renuncia contra el mandatario.

 

La tensión escaló durante las últimas semanas con cortes en rutas estratégicas, enfrentamientos con fuerzas de seguridad y serias complicaciones para el abastecimiento de alimentos, combustible y medicamentos. En ciudades como La Paz y El Alto, las protestas provocaron interrupciones del tránsito y dificultades logísticas que afectaron la vida cotidiana y el funcionamiento de hospitales y comercios.

 

Detrás de la crisis aparecen varios factores que se combinaron hasta desembocar en un escenario de fuerte conflictividad. Uno de los principales es el deterioro económico que atraviesa Bolivia desde hace años y que el nuevo gobierno no logró revertir. Analistas coinciden en que la escasez de combustible y de dólares refleja el agotamiento del modelo económico basado en la renta gasífera que impulsó el país durante las últimas dos décadas.

 

Durante los años de auge de las exportaciones de gas natural, especialmente hacia Brasil y Argentina, Bolivia experimentó un crecimiento sostenido y una expansión del gasto social. Sin embargo, la caída de la producción hidrocarburífera, la disminución de inversiones y las dificultades para diversificar la economía comenzaron a deteriorar las cuentas públicas y la capacidad del Estado para sostener subsidios y políticas de asistencia.

 

En ese contexto, el gobierno de Paz intentó avanzar a comienzos de este año con un paquete de reformas económicas orientadas a reducir subsidios y estabilizar las finanzas públicas. Entre las medidas más controvertidas figuró un fuerte aumento en el precio de los combustibles, que incluía subas de hasta 160% en algunos casos. La reacción social fue inmediata y el Ejecutivo terminó retrocediendo apenas semanas después de anunciar la medida.

 

La marcha atrás no logró desactivar el malestar. Por el contrario, distintos sectores comenzaron a sumar reclamos propios vinculados con salarios, abastecimiento de combustible, condiciones laborales y políticas productivas. Los mineros reclamaron acceso a explosivos y cambios regulatorios, mientras que organizaciones campesinas e indígenas rechazaron una reforma agraria impulsada por el oficialismo.

 

La polémica Ley 1720 se convirtió en otro de los focos del conflicto. La norma permitía transformar pequeñas propiedades rurales en activos utilizables como garantía financiera, algo que numerosos movimientos campesinos interpretaron como una amenaza a la protección histórica de la tierra comunitaria. Tras semanas de protestas, el Parlamento boliviano decidió derogar la ley para intentar descomprimir la situación.

 

Sin embargo, la anulación de la reforma no alcanzó para frenar las movilizaciones. Los bloqueos continuaron y algunos grupos endurecieron sus posiciones hasta exigir directamente la salida del presidente. En paralelo, sectores cercanos al expresidente Evo Morales también se sumaron a las protestas y marcharon hacia La Paz para rechazar iniciativas impulsadas por el gobierno y reclamar el fin de los procesos judiciales contra el exmandatario.

 

El oficialismo acusa al evismo de intentar desestabilizar al gobierno y profundizar la crisis política. Paz sostiene que parte de las protestas tienen motivaciones políticas y denunció intentos de generar un escenario de ingobernabilidad. Mientras tanto, organizaciones sociales y sindicales aseguran que las movilizaciones responden al deterioro económico y al incumplimiento de promesas de campaña.

 

La presión también crece sobre el frente financiero. Según distintos reportes, el gobierno mantiene conversaciones con el Fondo Monetario Internacional para acceder a asistencia económica. Las negociaciones incluirían condiciones vinculadas a ajustes cambiarios y reformas fiscales, un tema especialmente sensible en Bolivia por el rechazo histórico de amplios sectores sociales a los programas asociados al organismo internacional.

 

La crisis ocurre además en un contexto político complejo. Paz llegó al poder como el primer presidente ajeno al Movimiento al Socialismo en casi veinte años, con la promesa de estabilizar la economía y cerrar el ciclo político del MAS sin aplicar un ajuste drástico. Sin embargo, el agravamiento de la situación económica y la fragmentación social complicaron rápidamente su gestión.